Zona de confort: qué es, ejemplos y cómo salir de ella

¿Qué es la zona de confort?

La zona de confort describe una situación que conocemos y a la que estamos acostumbradas, sea beneficiosa o no, pero que puede no permitirnos evolucionar. En muchas ocasiones, este estancamiento está ligado a miedos o falta de confianza en una misma. Si sientes que el miedo te impide avanzar, trabajar en un proceso de terapia de autoestima puede ser la llave para recuperar tu seguridad y empezar a expandir tus límites.

Esta “zona” es un estado psicológico en el que llevamos a cabo las actividades cotidianas, las rutinas y lo que conocemos con una sensación de seguridad, tranquilidad y control, evitando en todo momento que pueda haber riesgos, incertidumbre, o ansiedad. Así que esta zona de confort, como humanas que somos, nos encanta.

De hecho, ¡su origen es muy curioso! Viene de un experimento de Psicología que se llevo a cabo a principios de siglo XX por los psicólogos Yekes y Dodson. Lo que descubrieron fue que un estado de comodidad (como la zona de confort) da lugar a un rendimiento estable pero sin grandes mejoras, y que, sin embargo, nuestro rendimiento aumenta cuando existe un cierto grado de incomodidad o estrés, a lo que llamaron “ansiedad óptima”. En ese sentido, de esta teoría lo que podemos extraer es que, aunque la comodidad es necesaria, también necesitamos aprender a sostener la incomodidad de vez en cuando. De lo contrario, nuestra vida puede estancarse en algo que, quizá, no es del todo bueno para nosotras, o no es algo que estemos eligiendo con certeza y conciencia.

Ejemplos de zona de confort

  • Estar en un trabajo estable pero poco motivador.
  • Rutinas diarias repetitivas.
  • Estancamiento académico.
  • Relaciones que sientas que no avanzan, tanto de amistad como de parejas.
  • Miedo a emprender a tener nuevos proyectos laborales.
  • No aprender habilidades nuevas como, por ejemplo, idiomas o tecnología, por pensar que es demasiado complicado.
  • Evitar hablar en público y querer estar siempre en un segundo plano.
  • Evitar el conflicto, no expresar lo que siento o quiero o necesito para no crear problemas, esto también puede generar estrés en el entorno laboral.
  • Evitar cambios en el aspecto, en la imagen.
  • Rechazar oportunidades sociales, no asistir a eventos, ni reuniones ni actividades grupales para evitar la incomodidad de socializar.
  • Evitar viajes a lugares desconocidos.
  • Quedarse siempre con el mismo rol dentro del grupo.